martes, 27 de octubre de 2026
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Camiones eléctricos llegan a la minería chilena antes que los seguros sepan cómo cubrirlos

La industria minera avanza hacia la electromovilidad, pero las pólizas de seguro aún no están preparadas para proteger esta nueva tecnología.

Redacción Negocios Noticias|Minería|

La minería chilena está viviendo una transformación silenciosa pero acelerada: los gigantescos camiones de combustión que durante décadas dominaron el paisaje del norte grande están siendo reemplazados por versiones eléctricas e híbridas. Y aunque el cambio promete menos emisiones y mayor eficiencia, ha dejado al descubierto un vacío inesperado: las aseguradoras todavía no saben bien cómo proteger estas máquinas.

Los ejemplos concretos ya están sobre la mesa. Novandino Litio opera hoy la ruta de transporte eléctrico minero más larga del país: cuatro camiones que recorren 470 kilómetros de ida y vuelta entre el Salar de Atacama y la Planta Química de Litio Carmen, en Antofagasta. Lundin Mining, en su faena Caserones, puso en marcha el primer camión minero híbrido eléctrico de categoría Ultra Class en Chile, un equipo de 300 toneladas reconvertido junto a la empresa Cummins First Mode. Y Minera Centinela ya opera la flota 100% eléctrica más grande del sector nacional, con 50 camionetas y 8 equipos trabajando en el rajo autónomo Esperanza Sur.

Esto no es solo una tendencia: es el futuro obligatorio. La Estrategia Nacional de Electromovilidad establece que desde 2035 toda la maquinaria nueva de minería y construcción deberá ser cero emisiones. Lo que hoy parece un conjunto de proyectos piloto será, en menos de diez años, el estándar operativo del sector que representa cerca del 60% de las exportaciones del país.

El problema es que el marco asegurador no ha seguido ese ritmo. Las pólizas de equipo contratista y flota vehicular vigentes en Chile fueron diseñadas pensando en motores de combustión, hidráulica y acero, no en baterías de alta densidad, electrónica de potencia ni software de gestión energética. En un camión eléctrico, el componente más valioso ya no es el motor: es el pack de baterías. Y precisamente ahí es donde las coberturas actuales presentan más zonas grises:

  • ¿Qué ocurre si la batería se degrada prematuramente por las condiciones extremas de una faena a gran altitud?
  • ¿Cómo se cubre un evento térmico —un incendio originado en el sistema de baterías— que nada tiene que ver con un accidente tradicional?
  • ¿Qué criterio de pérdida total se aplica cuando el daño afecta al sistema eléctrico y no a la estructura del vehículo?

Las empresas mineras están adoptando esta tecnología antes de que sus corredores de seguros y aseguradoras cuenten con productos específicamente diseñados para ella. Eso genera una brecha de cobertura real: en caso de siniestro, las compañías podrían enfrentar disputas sobre qué está incluido y qué no, con activos que pueden superar varios millones de dólares en juego.

Para Chile, cuya economía depende en gran medida del cobre y el litio, esta discusión no es menor. La electromovilidad minera puede reducir costos operativos y huella de carbono, pero su expansión ordenada requiere que toda la cadena de soporte —incluyendo el sistema de seguros— evolucione al mismo ritmo que la tecnología.